La otra isla ~ El mediodía acabó

La otra isla
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Archivo de abril, 2012

Primavera fría, NY

28 Sábado abr 2012

Escrito por Lilián López Camberos en En el norte

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NY

Fuimos a un bar gay, no, fuimos a dos bares gay, sin intenciones. El primero en Williamsburg, a unas cuadras de un puente (en mi mente, debajo del puente mismo), después de una fiesta frustrada en que la roommate de alguien azotó puertas y pasó al lado de nosotros como un fantasma, aterrándonos. En el Metropolitan (el bar, no el museo) H dijo que había “puras tuercas”. Nos reímos, tomamos Stella. Nos acompañó la amiga de H que fingía acentos británicos con extranjeros y era amiga de las hijas de Josefina. Había dos gemelas de Joan Jett, las dos delgadas y de brazos tatuados, que se besaban. Era extraño, como ver a dos siamesas. Luego llegó Natasha the cook, quejándose de la poca densidad de mujeres. Raro. Al salir comimos bagels en un deli de madrugada: una de las tantas versiones de los tacos nocturnos fuera de México.

El segundo bar gay al que fuimos fue por causalidad, porque ya no encontrábamos nada en Lower East Side en domingo. Ahí sí había puros hombres, unos pocos sentados enfrente de la barra, bebiendo sus cervezas masculinamente, sólo que a veces se besaban. El que animaba, pantaloncitos de licra blancos pegados a las nalgas y una chaqueta china rosa pálido, nos regaló huevos de Pascua. El mío tenía una bebida gratis.

En Central Park vimos a un actor, luego me enteré que se llama Tate Donovan, es el que la hacía de Joshua en Friends, el que Rachel quería darse insistentemente (luego sí se dieron en la vida real; ahora anda con una señora rubia anodina).

En el metro camino a Coney Island había una pareja de señores rusos: él traía el pantalón con la raya bien planchada, zapatos de agujetas y chamarra de cuero; ella usaba medias y tacones, tenía una florecita en las manos que luego le vimos a todas las rusas en Brighton Beach, seguro era algo religioso. Todo el camino hablaron en ruso. Todos los hombres rusos parecen mafiosos. En la playa vimos a un señor canoso tostándose en traje de baño. Hacía tanto frío que tenía las manos entumecidas. Nos subimos a la rueda de la fortuna. Antes de entrar, el viejuco nos dijo swinging or not swinging.  Swinging! Luego nos arrepentimos: en lo alto no sólo se balanceaba, sino que recorría un medio arco de metal que te hacía sentir que morirías entre los fierros retorcidos. No nos subimos a la montaña rusa, fue como un pacto no dicho, como si lo que no se mencionara dejara de existir.

Comimos en un restaurante en TriBeCa, Bubby’s, del que bromeábamos que era como ese sketch de Portlandia donde le preguntan a la mesera de qué granja vino el pollo y luego van a la granja y se enamoran del pastor, que es un líder espiritual, que es Jason Sudeikis.

No quiero que se me olvide, quiero dejar escritos algunos detalles porque luego los olvido y las fotos son engañosas (al final, son las únicas imágenes que recuerdas). La primera noche fuimos a un lugar junto al edificio de J, yo comí sardinas y tenían muchas espinas; el mesero, que era ecuatoriano, nos hacía muchas bromas. En la mesa de al lado había una dyke embarazada; nunca habíamos visto tal portento. En la otra había dos que, adivinábamos, estaban en su primera cita.

Dije que no compraría libros. La primera vez que salimos del departamento, caminábamos por SoHo y había un viejo con un tenderete de libros usados: tomé el de los cuentos de Carver enseguida. Llevé varios encargos de Strand Books.

Esteban nos invitó a la fiesta de una de sus compañeras de maestría. En la caminata nos enseñó el mejor lugar mexicano del rumbo, Hecho en Dumbo, que me dio buena espina porque su logo no eran unos cactus sino al menos el águila de lo hecho en México. En la fiesta estaba su compañera hija de una actriz, que se parece a la actriz, pero sin anorexia. Un tipo le pegó en la rodilla a J al pasar. Tomamos tres rondas, cada quién invitó una.

Fuimos a esa esquina donde está la librería de Marc Jacobs (compramos anillos a tres dólares, J: varios libros, yo: The Fashion Coloring Book, con los armadillos de McQueen en portada). En la contraesquina están los famosos cupcakes Magnolia (me impresionaron: las galletas de peanut butter). Anochecía, hacía frío. Es cierto que nunca te aburres en Nueva York, donde estés, hagas lo que hagas. Al día siguiente hubo luna llena.

Luego fuimos a lo de Jimmy Fallon, pero llegamos temprano. Nos metimos a la tienda NBC, el paraíso nerd. Pero J (no te reclamo): no nos van a dejar entrar con bolsas. Y no compré nada. Y cuando salimos ya habían cerrado. Eran muy buenos regalos.

En lo de Jimmy nos sentaron hasta adelante. Admiramos la organización relojera de los programas gringos. A The Roots, tocando ahí diario, gratis. La entrevista con Kevin Kline se centró en que al entrar se pegó con la pared y qué vergüenza, la otra parte fue para promocionar una película. Luego estuvo un comediante que no conocíamos (Steve Harvey) pero que nos hizo reír mucho, tiraba chistes con tanta rapidez que Fallon no podía seguirle el ritmo, sólo se reía de ese modo suyo y en las pausas se quedaba quieto para que dos chicas le retocaran el maquillaje. En otra pausa, enfrente de nosotras, Seth Meyers se acercó a decirle algo a no sé quién. ¡Seth Meyers!

Después vimos a Pulp. He escrito suficiente de Pulp aquí.

Luego pasó lo de la tienda NBC, que nos hizo caminar varias cuadras entre la bruma de las calles cercanas a Rockefeller Center y Times Square, que esas sí hierven de turistas, anuncios y basura, con cierto enojo reprimido. Donde íbamos a comer ya no había lugar. Más cuadras por Hell’s Kitchen hablándonos golpeado. Por fin caímos en el lugar ese cajun al que J quería volver y todo se solucionó con el poder del jambalaya.

Fuimos a la bienal del Whitney Museum. Una pieza que te mantenía morbosamente atado era el animatronic de un niño enfrascado en un diálogo diabólico con una marioneta. En Vulture está el video de la pieza creada por Dennis Cooper y Gisele Vienne. Da miedo. En este otro texto de Vice un tipo entrevista a los guardias. Es un texto maravilloso, que habla mucho del arte contemporáneo y la idea que produce, cuando se cree que no se entiende.

En el Guggenheim vimos las fotos de Francesca Woodman. Empezó a fotografiar a los trece. Se mató a los veintidós. Sus fotos estaban en la sala Robert Mapplethorpe. Todo el viaje fue el viaje Patti & Robert. Nos sacamos fotos afuera del Chelsea Hotel y en Coney Island, dos de sus lugares icónicos. En Marcbooks estaba un libro grueso con las polaroids de Robert y varios sobre Patti.

Me fui en la madrugada. El chocolate del huevo de pascua se derritió en el vuelo. Desperté en la mañana del DF, menos fría. Fui muy feliz, hasta cuando dolía todo (siempre duele todo pero igual caminas y caminas, sin cansarte realmente). Una semana después, el calor volvió a Nueva York.

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Pulp, el lunes

26 Jueves abr 2012

Escrito por Lilián López Camberos en Isletas

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Música, Pulp

Como los demás, siento la imperiosa necesidad de escribir lo que de otro modo se me olvidaría (fijamos las cosas para no olvidarlas, transformándolas en el proceso; entonces ya son otras, no lo que fueron).

Jarvis me impresiona porque es un narrador. Suelo comparar todo con Carver, pero es que las canciones de Jarvis sí son como cuentitos de Carver: retratan la clase media inglesa con mucha gracia y ligereza, pero también de un modo triste. Dicen cosas horribles (You started getting fatter three weeks after I left you); son meta (You’re gonna like it, but not a lot. And the chorus goes like this: y luego va el coro); tienen al mismo Jarvis como héroe y narrador (Yeah, it’s just like in the old days. I used to compose my own critical notices in my head: “The crowd gasp at Cocker’s masterful control of the bicycle, skilfully avoiding the dog turd next to the corner shop” Imagining a blue plaque above the place I first ever touched a girl’s chest, but hold on: you’ve got to wait for the best). Esa imagen del niño esperando que la concurrencia quede sin aliento ante su habilidad para sortear la caca de perro con su bici, ¿no podría estar en cualquier cuento de Carver?

Me dieron tanta curiosidad sus letras que hace poco bajé para Kindle su colección de letras, Mother, Brother, Lover (el título alude a sus primeros intentos, de rimas fáciles: él mismo lo proclama). El prólogo inicia:

I never intended to be a lyricist. I had wanted to be a pop star from the age of eight (that’s probably when I first saw the Beatles’ film Help!)

(la escena me recuerda una escena de The Velvet Goldmine: el niño Oscar Wilde, en una clase, declara que de grande quiere ser un pop idol)

(nota al pie: en la siguiente escena aparece Jack Fairy, drag queen, personaje que Todd Haynes quería para Jarvis).

Todo el prólogo es deliciosamente gracioso y elocuente a la manera inglesa. En Amazon se puede leer un fragmento. Hay partes hermosas:

It wasn’t until I moved away from Sheffield in 1988 that I began to write explicitly about the place – I couldn’t really see it clearly until then. Then I wrote about it in a frantic attempt to stop it fading from my memory.

En las notas explica detalles de las canciones que dan contexto: nunca supo el nombre de la chica de Common people. Deborah existió. Se apellida Farnell y su mamá la dio a luz en la cama contigua a la de la madre de Jarvis. El woodchip es un tapiz barato, explica. La fuente down the road era The Goodwin fountain, donde todos quedaban de verse en Sheffield (fue demolida en 1998). Etcétera.

Cuando, antes de Little girl (with blue eyes), dijo que la siguiente canción era sobre su madre, en Mother, Brother, Lover anota:

I came across a picture of my mother on her wedding day in which she looked very young and apprehensive. My mother’s eyes are actually hazel.

Cuando menciona a un bad comedian en Razzmatazz, explica sucinto: Rowan Atkinson.

***

El concierto del lunes fue uno de los mejores de mi vida. Además, me emocionó la reacción generalizada de éxtasis post-concierto. Como un showman labrado en su oficio, Jarvis conmovió, hizo reír (porque él es un good comedian), brincó, gritó, hizo ademán de desnudarse… Fue un entertainer completo, haciendo creer que estaba ahí, porque tal vez estuvo ahí: dos horas y media de concierto, el Different class completo, esa escena chistosa de los músicos juntándose para decidir qué canción tocarían cuando el setlist se había acabado…

Jarvis es una estrella de pop, creció para serlo. Pero antes que eso, es un narrador. Utiliza el sostén para hacer un monólogo e hilarlo con Underwear. Camina como un anciano y hace voces en falsetto. Dice cosas en español y no alcanza a leer, es nervioso y teatral. Es cómico, mucho, pero al siguiente minuto es un misterio otra vez y sientes que no puedes entenderlo, se te escapa.

Está la magistral interpretación de I spy en Jools Holland.

Hay que tener mucha simpatía para conquistar a la gente así, y dominarla. Sus movimientos, sus miradas, su androginia. Como dijo Josué, Jarvis es el rey del homoerotismo. Me encantan sus manerismos afectados, propios de una estrella de pop. Lo imaginas a los ocho años ensayando pasos de baile enfrente del espejo, cultivando esos movimientos dramáticos que ahora son marca registrada.

Hace más o menos dos semanas, los vimos en Jimmy Fallon. Era su primera presentación en tele en 14 años. Llegaron, cantaron y luego se fueron, rápido. Sólo un grupo de adolescentes con kipás se prendieron y un par que, detrás de Jarvis, headbangueaba como Beavis y Butthead. Interpretar frente a una audiencia gélida debe ser como coger por compromiso. No vi al Jarvis desenfrenado del lunes pasado, a pesar de que Jimmy, inmóvil en una esquina, los miraba arrobados.

Es gracioso pensar que los gritos agudos al final nos pertenecen.

***

Creo que hay consenso en que el momento más sorprendente de la noche, a la vez que el más erótico, fue This is hardcore. Ahí te das cuenta de que Jarvis es un SEX GOD. Es un rockstar. Aún es hermoso, de un modo distinto: ya no tiene la cara de efebo, ahora es un hombre con canas. Pero sigue siendo igual de atrayente, no sabemos por qué.

Sobre This is hardcore, en Mother, Brother, Lover, explica:

That goes in there: Hardcore porn movies have very strict conventions: all orifices must be seen to be penetrated and the male’s ejaculation must also be visible.

Todo debe ser visible. Todo fue visible. En seis minutos, Jarvis se cogió a un estadio entero.

 

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Radiohead, ayer

19 Jueves abr 2012

Escrito por Lilián López Camberos en Isletas

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Música, Radiohead

Antes de J no sabía qué era el lighting designing y ahora me parece fascinante. El concierto de ayer fue magnífico. Ya sabía que tocarían predominantemente canciones de los últimos dos discos, lo cual encuentro muy lógico. Vas a un concierto a ver el estado actual de la banda, a atisbar el lugar creativo en el que se encuentran en este momento. El de hace tres años tuvo otra vibra, era la primera vez que venían (de manera oficial, no esa leyendita urbana en el Edomex). Estaba esa emoción. Tocaron sus éxitos. Pero tres años después, es necio aferrarse. Hay que ver dónde están ahora.

Lo que más me impresionó fue el diseño de luz. Desde mi sitio, conjeturaba con la inverosímil posibilidad de que fuera un encargo a algún artista contemporáneo. Pero ahora leo que su lighting designer es el mismo de siempre: Andi Watson. Que es el sexto miembro desde la lighting booth, según este artículo del New York Times.

El momento más emocionante para mí fue Staircase. Encontré entonces la fusión de música y visuales, la recreación de una experiencia. No es sólo una decoración con leds: es arte con luz. J me escribió hace rato:

Una vez entré a un teatro y estaban programando la luz en cada escena, fue hermoso ver eso, no sabes, imagina que tienes un espacio donde hay gente interactuando y tú tienes que dar el tono, las sombras, ya sea amanecer, atardecer, algo abstracto, una imagen en movimiento y todo eso con luz. La luz hace todo. Los lighting designers son artistas que pintan con luz.

Foto de kinesys.co.uk

Foto del sitio foeweel.com

Foto de artblogbybob.blogspot.mx

Foto del sitio de Andi Watson.

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Tina Fey y la nueva generación de comediennes

16 Lunes abr 2012

Escrito por Lilián López Camberos en Isletas

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Feminismo, Letras Libres, Tina Fey, TV

1.

En 2008, en plena carrera interna de los demócratas, Tina Fey se apareció como invitada al segmento Weekend Update de Saturday Night Live para una nueva entrega de su Women’s News. Centrada en historias de mujeres, con una brevísima dosis de defensa de género, Women’s News apareció en la época en que Tina Fey y su camarada, Amy Poehler, eran conductoras del tradicional noticiero (la primera vez que dos mujeres lo hacían desde la creación del show en 1975). Pero ese sábado de febrero de 2008, Tina Fey quiso dar un espaldarazo a Hillary Clinton como la primera candidata con posibilidades para llegar a la presidencia y dirigió su ataque contra los que llamaban a Hillary una bitch.

La frase con la que terminó fue ésta: bitch is the new black.

El sketch estuvo chistoso pero también fue un error, pues en lugar de reivindicar el peso de la mujer en los ámbitos más competitivos (¿y hay algo más competitivo que una contienda presidencial?), terminó convertido en una ratificación descarada de la señora Clinton, sin que Fey se lo propusiera[1].

Pero lo importante es que una vez más, en una nueva causa, aparecía el leitmotif básico de Tina Fey: el feminismo no como recurso para el chistorín, sino como un discurso serio. Un feminismo básico para las masas, lecciones de humanismo a través de la televisión.

Ya que los personajes feministas no ayudaban a la causa, alguien tenía que llevar estos asuntos al imaginario. Fey no tenía aliadas poderosas. Pienso en Lisa Simpson, la niña genio de ocho años, feminista, vegetariana y liberal, que a fuerza de defender sus causas con ardor exasperante acabó convertida en una party pooper neurótica.

El bitch is the new black puede no ser la mejor proclama feminista del mundo; de hecho, podría pasar por un argumento sexista y racista en un contexto más severo. Algunas semanas después, tal vez para nivelar sus afectos pero conservando la tradicional posición demócrata de SNL, Tracy Morgan apareció con el contraataque, declarando que Obama estaba en la contienda por sus logros y no por ser negro. Bitch may be the new black, but black is the new president, bitch.

Una frase que Tracy Morgan dejó caer con su encanto mitad ingenuo mitad badass.

 

2.

Lo que distinguió a Tina Fey de sus colegas, mientras fue jefa de escritores de Saturday Night Live, fue el tino que siempre tuvo para hacer el comentario adecuado cuando éste se necesitaba, sobre todo cuando hablamos de audiencias amplias. Mientras comandó, trató siempre los temas delicados sin censurarse ni dulcificar su voz, pero lo hizo siempre con gracia e inteligencia.

Sentó un precedente: la mujer inteligente detrás de la comedia, que poco a poco generaría secuelas.

Cuando imitó a Sarah Palin, la líder del movimiento Tea Party y candidata republicana a la vicepresidencia en 2008, aprovechó para hacer el comentario que era más pertinente, y que aplica en México para las campañas de 2012.

En el sketch están Tina Fey como Sarah Palin y Amy Poehler como Hillary Clinton. Tienen un mensaje para el público sobre el sexismo imperante en la campaña. Cada diálogo es un pimpón de elocuencia en el que Sarah Palin queda como la tonta fanática religiosa, cuyo concepto de relaciones internacionales consiste en poder “ver Rusia desde su casa” y Hillary, por el contrario, es presentada como la mujer que trabajó muy duro para conseguirse un lugar en la política y cuyas ilusiones fueron aplastadas por Obama. Liviandad de espíritu contra ira, en una situación política determinada. Al final, siguiendo el chiste pero con un gesto súbitamente serio, Poehler concluye: It is never sexist to question a female politician’s credentials.

La misma Fey, en su libro Bossypants, admite que esta frase fue la tesis y argumento de lo que intentaron hacer durante seis semanas con las parodias de Palin y Clinton. Un sketch sobre feminismo envuelto en bromas, “como cuando Jessica Seinfeld esconde espinacas en los brownies de los niños”.

Es como si con sus diálogos, Tina Fey aleccionara a sus televidentes, les enseñara a reflexionar a través de la comedia. Todo mientras demuestra un hecho que ya no debería intentar demostrarse: que las mujeres son graciosas. Que ellas solas pueden soportar el peso de un show. Como prueba están ella misma en 30 Rock y Amy Poehler, otro ícono del feminismo pop, que en Parks and Recreation se gana el pan dando lecciones de civilidad y ciudadanía. Ambas, con humor y con inteligencia, integraron un discurso marcadamente feminista en su obra, que además se atrevió a ir más allá del tema de género.

3.

Hay un sketch que atesoro: Bernie Mac (q.e.p.d.) y Tracy Morgan están en un cine a punto de ver The Pianist, a la que entraron porque ya no había boletos para “la de Vin Diesel”. Durante toda la película se la pasan comentando en voz alta y molestando a los asistentes, retratados con tan mala tinta que el estereotipo del negro ignorante (pero súbitamente conmovido por la historia de Wladyslaw Szpilman, un judío que al parecer no es tan diferente de los negros) profundiza un comentario que pocos shows se atreven a hacer[1].

Si el SNL presidido por Seth Meyers (discípulo ejemplar de Fey y actual jefe de escritores) se regocija en la nota coyuntural, que pese a su filo inmediato pierde vigencia con el paso de los meses, el SNL que Tina Fey comandaba trataba siempre los grandes temas americanos con entusiasmo y arrojo.

En el mencionado sketch hay que ver cómo, cada vez que termina de pelearse con un miembro de la audiencia, Bernie se vuelve a Tracy y le pregunta, con el tono amenazante pero a la vez fraternal de algunos miembros curtidos de la comunidad negra, did he touch you, did he touch you?

Esa era Tina. La pluma se le notaba, pues no hablaba de estas cuestiones desde una white guilt que es lugar común, sino como una ghetto más, una niña griega con una cicatriz que le atraviesa la mejilla que vivió, por este motivo, suficiente marginación mientras crecía.

4.

Al irse Tina y Amy, SNL dejó la comedia femenina a cargo de Kristen Wiig. Su forma neurótica de interpretar neuróticas le ha dado una fama de comediante que no es estridente, sino contenida, de mucha comedia física (los gestos, las miradas, los tics, el movimiento corporal). Ella y Maya Rudolph, acaso emulando la mancuerna Fey-Poehler, son el nuevo dúo femenino dinámico. Bridesmaids recaudó casi 300 millones de dólares internacionalmente, demostrando que a la gente sí le interesa reírse un rato con aventuras de puras mujeres (más una dosis de humor escatológico).

Según Fey, mientras estaba en The Second City, el teatro de improvisación de Chicago donde debutó (y conoció a Amy Poehler), un director le dijo que nadie quería ver un sketch con dos mujeres. El de Palin y Clinton fue visto por diez millones de personas en vivo.

Me gusta pensar que a lo mejor, quién sabe, ya estamos listos para reírnos de las mujeres.


[1] A menos que hablemos de otro gran show al aire: Community, donde Jeff Winger (Joel McHale) declara, respecto a esa insistencia enfermiza por ser multiculturalmente incluyentes,“not being racist is the new racism”.


[1] Aquí hay una transcripción del segmento.

 

 

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