Lollapalooza

Los de mi generación (nacidos a mediados de los ochenta) tenemos una primera imagen del Lollapalooza: Billy Corgan con cabello y piel amarilla sosteniendo este hermoso diálogo con Homero Simpson en el backstage del “Hullabalooza”:

Homer: You know, my kids think you’re the greatest. And thanks to your gloomy music, they’ve finally stopped dreaming of a future I can’t possibly provide.

Corgan: Well, we try to make a difference.


Uno de los episodios más grandes de Los Simpson, el Homerpalooza, está repleto de momentos clásicos: uno de mis favoritos es cuando corren los créditos con el tema simpsoniano, pero grungeado por Sonic Youth, mientras varios sujetos de caras inexpresivas “bailan” con sólo dos movimientos en loop infinito. Es enorme.

The Smashing Pumpkins, una de mis bandas favoritas de la adolescencia, se juntaron en Chicago. La esencia rockera, marginal, que sólo podría originarse en una ciudad con un pasado tan oscuro como ésta, se siente en todas las calles del imponente Chicago.

Desde que me enteré del line-up del Lollapalooza de este año quise ir. Pero no tenía la visa, así que hice mi mejor esfuercito por ir a poner mi cara de idiota a la embajada. Me tocó un cónsul asiáticoamericano que hablaba el español de una forma lastimosa, así que acabé ofreciéndole llevar la entrevista en inglés, lo cual tal vez me dio una ínfima ventaja. Después eché un rollo sentimentaloide sobre cuánto amo la música y cómo mis bandas preferidas tocarían en el Lollapalooza, y al final me dio la fichita con la aprobación, pagué el envío, salí exultante, y compré un boleto combinado México-Chicago-Nueva York-México esa misma noche.

Una de mis mejores amigas de la preparatoria, Paulina, a quien conocí en mis -ahora inútiles- clases de francés, se mudó a Chicago en 2003. Tenía exactamente 7 años sin verla, pero me pareció muy curioso cómo desde el primer momento todo volvió a ser tan natural como antes. Aunque la verdad no nos vimos mucho, porque yo salía desde temprano hacia el centro de la ciudad -ella vive muy al norte- y sólo por la noche nos encontrábamos en el Giordanno’s, el restaurante donde trabaja.

Y al fin, chanca-chancán

Estas son las bandas que vi, en orden:

The New Pornographers (amaré toda mi vida a Neko Case y algún día la veré como solista también)
The Big Pink (buena onda sin llegar a más)
The Black Keys (una de las mejores bandas de estos días: rock muy clásico y potente)
Lady Gaga (espectaculazo con sangre, fuego y lágrimas, como debe esperarse de ella)
Stars (lindos)
The xx (hipnotizantes)
Grizzly Bear (amo esta banda y los amé en vivo, son sencillamente espectaculares)
Metric (ya son súper estrellas, pero Emily Haines siempre cumple)
Spoon (buenísimos)
Cut Copy (Hearts on fire fue tal vez la canción más bailada del día)
Empire of the Sun (teatrales, con bailecitos estrambóticos, muchos juegos de luz, We are the people fue la más aplaudida)
Yeasayer (estoy enamoradísima de Anand Wilder, esperaba con ansias escuchar Madder Red en vivo y terminó por conquistarme)
Instituto Mexicano del Sonido (prendieron muchísimo, no faltaron los mexicanos con banderas y el “putos todos”; bueno no, eso me lo estoy inventando)
MGMT (no pude verlos en el Motorkr 2008 por muchos motivos tontos -maldito Foro Sol, cuando iba a la mitad del camino ya estaban terminando y me consolé con Nine Inche Nails-, pero esta vez me vengué: el nuevo disco me gustó mucho por ser totalmente distinto al primero; creí que no iban a tocar Kids por lo choteada pero sorpresivamente lo hicieron)
The National (qué buenos son; para estas alturas, los escuché tirada en el pasto en el atardecer)
Arcade Fire (son ENORMES, nada que diga de ellos va a sonar original, pero son unos dioses, así nomás)

Me perdí, por logística, porque las decisiones deben tomarse, porque el cielo es azul, porque la vida es injusta, porque ¡ay!:

The Antlers y The Walkmen (me dolieron hasta el tuétano del alma, sobre todo los segundos, a quienes sigo como desde 2004)
Wolfmother, Minus the Bear, el set de Justice, The Strokes (ay), Ana Sia (snif), Devo, Hot Chip, Los Amigos Invisibles, Gogol Bordello, The Temper Trap (bah, los veré en el Corona), Social Distortion, Green Day (los habría visto por mera curiosidad), Phoenix y Soundgarden (que el camarada me reprochó hasta lo indecible, pero tuve que decirle que yo nací en 1986 y la fiebre grungera no me tocó; en cambio Arcade Fire me conmovió desde Funeral).

Antes de que apunten su dedo flamígero contra mí, entiendan que eran OCHO escenarios, el Grant Park es inmenso, y casi todas las bandas buenas se empalmaban de alguna forma. Las decisiones fueron tan dolorosas como la de Sophie (o tal vez más).

Detalles curiosos:

El primer día estaba yo viendo a Lady Gaga en mi pedacito de pasto, sin molestar a nadie, charlando con unos güeyes defeños que luego se movieron para otro lado, cuando divisé frente a mí a una muchachita gritando A HUEVO con toda la potencia de sus pulmones. Era la clásica chava de Interlomas poniendo el desorden con una gringa gordis a la que ya le había enseñado a entonar nuestra frase nacional. Acabé ahí mismo departiendo, con eso de que me veía con cara de “saber hablar español”.

 

Oh, hola.

Con gringos con los que hablé de manera arbitraria, me inventaron muchas nacionalidades. Esta circunstancia se repitió a lo largo de mi viaje por el Gabacho -ah, cómo amodio esa palabra-. Por ejemplo: el primer día pasó un gringo borrachísimo y me señaló a una pareja que empujaba la carreola de su bebé, luego me preguntó si eso estaba bien, si creía realmente en el fondo de mi corazón que eso estaba bien. Le contesté que cada quién, y en eso me preguntó de dónde era, e intentó adivinar, y después de un rato dijo que si de Bolivia. Más tarde, estaba sentada en una cafetería aliviándome el dolor de cabeza, cuando se sentaron otros gringos a decir estupideces. En cuanto les contesté no sé qué cosa, uno de ellos me miró de forma muy circunspecta y preguntó: ¿Français? Yo le contesté: Nel, mexicain (al menos después me regalaron hórrido vodka que sirvieron generosamente en mi té helado).

Así sucesivamente: española, italiana, turca, griega, árabe, brasileña y colombiana fueron otras nacionalidades que me inventaron. La próxima vez voy a decir que vengo de un lugar mágico donde no existen los pinches estereotipos.

También conocí a unos fresas satelucos que luego, por diversos motivos, acabaron cayéndome re-mal (al menos me regalaron Jack Daniels directo de la botella). Pero estuvo bien, porque al final gracias a ellos pude contactar a Marion Reimers y la señorita Mariana Ruiz, con quienes acabé teniendo toda una aventura digna de película noventera. Nos subimos a una de esos bicitaxis y recorrimos las calles principales del centro de Chicago, no por gusto sino porque el conductor se perdió y nos dio paseada gratis. El gerente del Giordanno’s nos regaló una pizza y tuvimos importantes momentos de circunspección espacial y esa lucidez tan especial de la no-lucidez. Lo mejor fue cuando entramos a un Seven-Eleven y el que atendía era árabe y casi casi gemelo de Apu: fue un momento tan simpsoniano, y oh el tamaño de los slurpees y su simbolismo en la idiosincracia norteamericana, etcétera.

Algunas fotos:

 

Millenium Park

Oliver Sim, de The xx, a través de la pantallota.

Romy Madley Croft

En esta foto de Grizzly Bear hay en primer plano un gringo que parece estar sonándose los mocos “a pelo” o, de plano, esnifando coca. Depende de la perspectiva de uno: candorosa o más bien decadente.

La única foto no-mala de Metric.

La clásica gringa echadota en el pasto, no se sabe si por borracha, por insolada o nomás por güevona.

Desde que Mariana nos dijo que el edificio con forma de diamante fue construido por una arquitecta y que en realidad tiene forma de vagina, me quedé clavada con el edificio-vagina. No podía dejar de mirarlo y pensar: es una vagina enorme. Y brillante por la noche. ¡Brillante!

Cielo buena onda.

Señor con playera altamente graciosa.

Dan Whitford de Cut Copy (sólo a él se le ocurre vestirse con camisa, todo para terminar empapadísimo en sudor)

Frijol contra edificios

Nuestro amiguismo duró como 2 horas con 18 minutos. Exactos.

Por Alá: Anand Wilder es tan sexy. El más guapo de todo el Lollapalooza. Fácil.

Ya: cásate conmigo. Ya. Ahora mismo. Le daré a tu familia una vaca y un borrego en prenda por tu amor.

Instituto Mexicano del Sonido, pronunciado: Mexican Institute of Sound -porque ni modo que los gringos intenten pronunciar un nombre tan largo, no, pues no.

Andrew Van Wyngarden haciendo un puchero.

Con tal de ser cómico y que la gente le pidiera fotos, este sujeto se enfundó en un traje de látex y se anduvo paseando bajo el sol y las temperaturas de casi cuarenta grados. Es al mismo tiempo conmovedor y desagradable. Sobre todo por el sudor que estaba haciéndole alberquita ahí dentro.

Marion y el slurpee gigante tamaño Homero Simpson.

Empire of the Sun.

Edificios acá (pie de foto de la clasificación “cuando uno ya no sabe qué poner de pie de foto”).

Escenario Budweiser.

The Black Keys.

De nada.

Fuente del Grant Park con cielo mamón por detrás.

Gringous locous al atardecer.

Creo que esta fue una de mis fotos favoritas: Lady Gaga en todo su esplendor con garra… y la garra de un anónimo en consonancia.

 

Conclusión: gran concierto. Repitámoslo.

 

 

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