I’m felising Bogotaning Hilton (chiste local)

 

Bogotá se las da de ser una ciudad muy ordenada, con calles que parecen coordenadas: calle 123A con carrera 10, 45 con 98, 113d con 5. No hay forma de perderse entre sus avenidas limpias y perfectamente señalizadas, entre las carreras que van de occidente a oriente y las calles que sólo corren de norte a sur. Bogotá es un mapa vivo… hasta que, por supuesto, caminas y das la vuelta en una calle y te topas con un callejón sin salida y todas tus ideas sobre lo viable de la ciudad se vienen abajo. ¿Dónde está tu orden inmaculado, Bogotá? ¡Que alguien me explique cómo salir de un callejón sin salida en una ciudad tan organizada!

 

Lo anterior lo escribí a petición de Maria(), pues después de que hice este comentario mientras caminábamos por el norte, me dijo: «esto lo vas a escribir en tu blog, ¿verdad?» No tenía pensado hacer un comentario tan negativo sobre esta ciudad en la que sólo la he pasado bien. La charla anterior, por ejemplo, fue efectuada mientras nos dirigíamos en bola a jugar tejo.

 

El tejo es, según los colombianos, deporte nacional. Consiste en lanzar una especie de piedra tallada, el tejo, sobre una superficie cubierta con lodo. En el centro hay un círculo trazado, y en cada polo un triangulito con pólvora. El objetivo es hacer mecha, o sea: explotar el triángulo, o mínimo darle lo más cerca al círculo. Todo, acompañado de un «petaco»: una caja con 30 cervezas Águila -patrocinadora oficial de este bello deporte que tiene todo: fuego, pirotecnia, lodo, y lanzamiento de piedra con posible descalabro.

 

Durante esa amena tarde en la cantinita de mala muerte sacamos importantes conclusiones, como que México debería estar en el lugar que ocupa Venezuela (sin ofender a mi camarada), ya que aparentemente somos bien cuates/parceros, nos la pasaríamos bien chido/chévere, todo sería padre/bacano, nos curaríamos la cruda/guayabo juntos, diríamos ay güey/ay marica a discreción y nuestra vida sería un bacanal con cajeta/arequipe, y pozole/ajiaco. Somos el uno para el otro.

 

Área de juego

 

 

El ganador fue, obviamente, el experimentado Patton, pero todos nos divertimos igual. Después cenamos unas arepas rellenas de queso con chorizo, y un Soka de lulo.

 

Valentin, Lina, Andrés, María, Patton et moi

 

En algún momento, una señora borracha se emocionó mucho por la presencia de dos extranjeros (yo creo que más por el rubiecillo que dice cosas como suben-estrujan-bajan), y nos decía que el cielo estaba con nosotros y que Méxicolindoyquerido y que algo sobre Alemania, y nos abrazaba y nos ofrecía su casa y todo fue muy surreal.

 

Dos videos al respecto:

 

Uno

 

Dos

(nótese cómo ya soy una experta en el acento colombiano, hueón)

 

Hoy estuvimos en la catedral de sal, la primera maravilla de Colombia según la intrépida publicidad, en el pueblito de Zipaquirá. También comimos fritanga, de la que mostraré el antes y el después:

Comienza la aventura…

La «gaseosa» Colombiana -de cola roja- también se acabó.

 

Somos unos cerdos, sólo díganlo.

La plaza principal de Zipaquirá, el pueblo que más me ha costado pronunciar a la fecha.

¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos burlarnos de los nombres castellanizados de los guías que te muestran los recovecos de las catedrales de sal bajo tierra? ¿Qué?

María y Patton me explicaron qué era una mamona, y que naturalmente hacía este letrero menos gracioso, pero ya lo olvidé.

Estas papas me destemplaron, aunque ellos dicen que son las mejores. Y sí saben a pollo.

 

 

Lo mejor para mí fueron estos amigos que hice en Colombia. Esa noche viendo videos de YouTube a instancias de María y mía -todo Miranda!, Pimpinela, Pandora y Flans-, el gran video del «I’m felising in Cartagening Hilton» (acá), los huevos con bocadillo -sin albur-, que es como el ate; las obleas de arequipe y las cervezas Club Colombia, los paseos como reses en Transmilenio, las lecturas concienzudas de las SoHo de Patton, los desayunos noquea-vísceras de Andrés, mi búsqueda por la esmeralda más grande sin cortar en el Museo del Oro, y todas las risas que compartí con ellos.

 

Esto, y nada más, me basta para llevar a Colombia en mi corazón toda la vida -lágrima rutilante.

 

 

 

Siguiente parada: Medellín.

 

(entrada original)

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