Observaciones fallidamente antropológicas

Desde que estábamos esperando el avión a Buenos Aires, en Panamá, noté algo en común entre las pasajeras: más de cinco, por decir, estaban usando plataformas. En sandalia o en tennis. Esta observación me hizo conjeturar que seguramente dicho estilo de zapato estaría de moda aquí. Al otro día fuimos a hacer el primer trámite y en la breve caminata observé más plataformas. Después, a lo largo de ese día, en aparadores, en el transporte público y en la calle, y todavía más con el transcurrir de los días, ya no me quedaron dudas. Casi todas usan plataformas. El casi es clave, ninguna moda es uniforme o si lo es trasciende las temporadas y se afirma en su época. Pero a mí no dejaba de llamarme la atención este hecho, su persistencia. Las plataformas eran variadas: desde las simples y rectas tipo Spice Girls hasta unos verdaderos engendros que deforman la silueta, la dignidad y el temple. Además las veía lo mismo en el mall “cheto” de Recoleta que en el Bellagamba de Balvanera, en la marcha del 24 de marzo que en el “bondi” que me trajo desde Ezeiza y que hizo más de dos horas, deteniéndose en los sectores más populosos de la avenida Rivadavia. Vamos: por más que disfrute meterme a las áreas más feas de una ciudad tanto como caminar alegre y despreocupadamente por las más lindas, no poseo todavía un conocimiento integral de los barrios buenos y feos de Buenos Aires. Pero creo que me he hecho una idea (por supuesto sin haber conocido, todavía, una villa de emergencia) y puedo afirmar, a la ligera, que la moda de las plataformas es transversal, pues atraviesa diversas clases sociales.

Al principio no lograba decidir si Buenos Aires está adelantada en cuestión de moda o si esto es un reflejo de su aislamiento. ¿Están de moda las plataformas en los sitios que se han constituido como centros y productores de moda? No sé, creo que no. No a un nivel tan de calle. También observamos que hay una fuerte industria textil nacional. O sea, muchas marcas argentinas, desde calcetas estampadas hasta sustitutos de Bershka o Pull & Bear (que acá no existen, pero Zara sí: recordemos que estas tiendas, en México y en donde operan, juegan un papel importante en la vestimenta de la mujer de clase media).

Recordé también algo que había leído respecto al momento en que Soda Stereo y otros emergieron: en 1982, tras el conflicto de las Malvinas, la Junta Militar prohibió la radiodifusión de música anglosajona. Esto permitió el surgimiento y afianzamiento de un rock nacional. Ahora me entero, explicación de argentino y experto de por medio, que la crisis de 2001 inició el problema -que aún persiste, más o menos- de las aduanas y la exportación, lo que llevó a cierto sector moderno y creativo a volcarse en una industria nacional de la moda. De tal manera que hay una diferencia evidente entre la forma en que la gente se viste aquí y, por ejemplo, en México. El último gran fenómeno de ‘uniformidad’ o ‘masificación’ de una prenda, estilo u objeto de moda, que yo pueda recordar, es el de los tennis con tacón (moda importada de EEUU). Que aquí nadie usa.

Esto también me hace reflexionar sobre el carácter pasado de moda de todo en Buenos Aires: los ‘mozos’ de los cafés (y su servicio de café completo, lujoso, a la antigüita: la bandejita, el vasito de agua, la galletita), los restaurantes y sus menús afrancesados, los porteros (y el lobby) de los edificios, ¡los baños!, la tecnología en general (hay muy pocos objetos Apple) y hasta el hecho de que los cines son cines y sólo en muy raras ocasiones están dentro de un mall (al que llaman ‘shopping’). La última ciudad de América, marcada, para bien y para mal, por el aislamiento. Hay una especie de ingenio argentino, muy similar aunque menos radical (y quizá menos triste) que el ingenio cubano, para sortear los obstáculos del alejamiento, del ‘estar afuera’.

The dream of the 90s is alive in Buenos Aires.

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Una última observación muy a la ligera y que elaboré en un momento en el que quizá no estaba pensando con claridad: me he dado cuenta, también, de que acá es mucho más común que las mujeres den pecho en la calle, sin pudor. Lo cual, obviamente, me recordó la funesta campaña de “no le des la espalda a tu bebé”, que muy a las claras culpabiliza a la mujer, la acusa de egoísta, cuando no le da las condiciones -sociales, urbanas, políticas- favorables para amamantar al bebé. Tampoco es que haya visto MONTONES de mujeres. Pero he visto. En el subte, en Plaza Francia (una chica, diríamos, de aspecto “bohemia chic”), en cualquier calle. Se me dijo asimismo que este fenómeno apareció a raíz de la migración masiva de mujeres bolivianas, paraguayas y de las provincias a Buenos Aires, quienes no tenían empacho -y hasta demandaban el derecho, de alguna forma- en darle pecho a sus hijos. Entonces me pareció interesantísimo cómo la clase desprotegida había influenciado a una clase más dominante, en un tema que tendería al resultado contrario: que las mujeres migrantes se cubrieran. Pero no. Resulta que las argentinas -clase media, educadas, argentinas, pues, no migrantes- se habían sumado a la liberación propuesta por la clase inferior. ¡Genial!

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Más observaciones fallidamente antropológicas, cuando acabe con mis pendientes.

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Una Respuesta a Observaciones fallidamente antropológicas

  1. Guillermo Alén dijo:

    Algunas salvedades:

    -Spinetta no “emergió” en el 82, él prácticamente inventó el rock nacional en el 68 y ya estaba archiconsolidado, Pescado Rabioso (que era de Spinetta) se disolvió antes del ’75, su formación en el 82 era Spinetta Jade. El resto sí, despegó ahí, si necesita más nombres: Virus, Los Abuelos de la Nada, Los Redonditos de Ricota, Sumo, GIT, Suéter y etc. Charly también estaba bastante establecido, pero justo arrancaba como solista y no le vino mal.

    -Hay cierta confusión y tenue condescendencia, producto de una mentalidad nortecéntrica, en lo que hace a modas. Para empezar, sí, por una cuestión de estaciones siempre estamos una temporada atrasados, ya que el modelo de invierno europeo no lo podemos usar porque acá hacen 40º. Y nuestro norte es Europa, en temas de alta costura lo yanqui siempre nos resultó mayormente grasa y nouveau riche. Pero, más importante, Argentina no está ni adelantada ni atrasada en temas de moda, sino que tiene su propio reloj, es su propio centro de moda, en gran parte por la industria que despegó al amparo de la crisis del 2001. Una Argentina no usa unas braguitas Caro Cuore anhelando un Victoria’s Secret: está convencida de que Caro Cuore es igual de bueno, o mejor. No somos Cuba ni Vladivostok, las novedades de afuera llegan a nuestra industria y son ADAPTADAS a nuestros gustos y a nuestros cuerpos (y a nuestra anorexia, pero en eso no me meto hoy). Es decir, que para alguien de afuera nuestras plataformas pueden parecer demodés, pero acá no: son el último grito, no porque estamos anclados en los 90, sino porque tenemos nuestro propio ciclo de modas orgullosamente independiente del resto del mundo. No es que seguimos fabricando Ladas, es que tenemos nuestros propios Lexus, justamente porque la moda, a diferencia de la automotriz, no requiere alta tecnología: sólo buenos cerebros, y un mercado de personas educadas que tiene fe en sus propios parámetros estéticos (aquí la moda es el fútbol de las mujeres). Le recuerdo que las trabas a importaciones empezaron en 2012, antes de eso hubo casi una década en la que no había problema en comprar ropa de afuera, pero la nuestra nos sigue gustando más. Vale una anécdota: Zara se instaló en la Argentina con modelos extranjeros: el horror. Casi se funden, a las argentinas les parecía todo horrible, y la única forma que tuvo de sobrevivir fue hacer un Zara Argentina totalmente independiente con diseñadoras locales, que fue un éxito.

    -Nuestra moda es noventosa no solamente por un supuesto atraso, sino también por una recuperación irónica de los 90, que se permea en todos los niveles. Si nos ponemos realmente antropológicos, vale recordar que es el tiempo de la Argentina dolarizada y Primer Mundo (lol), época que todos los mayores de 30 recordamos con una mezcla de horror y añoranza culposa. Si se quiere, nuestra moda es noventosa porque realmente añoramos, en un nivel profundo, los 90.

    -Sobre lo anterior, comparar el ingenio argentino con el cubano, y en general comparar a Argentina con Cuba en absolutamente cualquier cosa que no sea nuestro cariño por el Che, es, como mínimo, inexacto. Además, es considerado políticamente incorrecto, derechista, y mala leche: el típico argumento de derechista recalcitrante aquí es “Esto es Cuba”, es comentario de taxista facho y señora gorda. Le ahorro sinsabores: le sugiero que ni lo repita aquí, porque además de inexacto es ofensivo.

    -Aquí un café que le traiga la taza sin un bizcochito dulce o algo, no es moderno: es tacaño. Si en el resto del mundo no es así, cuánta tristeza. Pero esto, ya se lo había dicho, es algo relativamente nuevo: lo tradicional aquí era el café sin nada, y los cafés más modernos, más “boutique”, se distinguieron del melancólico café de la esquina precisamente por esos detalles. En Montevideo esos tugurios de fórmica persisten, y desde ya que no dan ni mierda con el café. Muy reconfortante.

    -Respecto al pecho, solamente -me- rectifico en que no fueron solamente las bolivianas, que predominaban, también hubo muchas mujeres del Paraguay y de nuestras provincias más pobres y con mayor mestizaje.

    Por lo demás, spot on. Siga Levi-Strausseando.

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