Shakira, Shakira (fotopost vegetariano)

El vuelo Medellín-Bogotá ha sido uno de los más angustiosos: en la casi media hora de vuelo sólo hubo turbulencias violentas, y el piloto se la pasó diciendo sandeces para que nadie sintiera terror. Conclusión: todo era culpa del cambio de temperatura -y tal vez de la aerolínea de bajo costo que, según Lina en Bogotá, es la que tiene mayor número de accidentes en Colombia.

Una hora en una ciudad tan linda, pero no pude ver a los amigos. En lugar de eso, esperamos unas dos horas como zopencos a que saliera el vuelo rumbo a Barranquilla. Ahí, por supuesto, todo fue tranquilo… de no ser por un escuincle que se la pasó llorando y pataleando sin cesar. Al salir del avión, el hornazo fue tan evidente e impactante que me dieron ganas de arrojar mis ropas a los policías y decirles «¡¿Cuál es su maldito problema?! ¡¿Cómo pueden vivir con este calor endemoniado sin tener la clara convicción de cometer suicidio todos los días?!»

Después de eso me metí en un taxi y juré no ser una quejumbrosa… a pesar de que mi cuerpo sea como un camarón al horno con múltiples ardores.

Algunas impresiones sobre la tierra que vio crecer a Shakira representadas en fotografías (advertencia, algunas imágenes pueden herir nuestro imaginario histórico y resultar en una deshonra para la cultura nacional):

Esta sopa de gandul es como Alá personificado: tiene los tubérculos más usados por acá, ñame y yuca y otras cosas cuyos nombres no recuerdo y de las que jamás hemos oído hablar en México, como el 70% del departamento de frutas y verduras de Colombia.

 

Combinado (pollo, lomo, butifarra, banano y sepa qué más) con mazorca desgranada y papas a la francesa. Un golpe de grasa directo al torrente sanguíneo. Lo mandaré como colaboración al This is why you’re fat

Todo lo cual nos lleva a la siguiente imagen:

Sujeto femenino no identificado caminando por la calle -inserte número que no recuerdo- al final de la comparsa precarnavalera. Cankle evidente (guiño a los que vieron Shallow Hal)

 

En exclusiva para los lectores de la Isla a Mediodía: el depto de Shakira en Barranquilla, hijoeputa.

También me gusta ofrecer diversos servicios a los incautos lectores de este cuchitril. Dos ejemplares -masculino y femenino- que te regalan cigarros mentolados y te dejan sacarles fotos y dicen «ay marica» a discreción:


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Si a veces se preguntan cuál es la imagen de México en el extranjero, no busquen más: nuestros héroes nacionales son todos sombrerudos con bigote, «sí iñor»

La vista engaña: ¿es esto un flan napolitano? ¡No! Es cuajada con panela derretida en un disfraz de flan napolitano. Esos colombianos, siempre tan bromistas.

La verdad esta foto es sobre el Peñón de Guatapé, cerca de Medellín, pero está bien bonita. Es como ¡el milagro de la naturaleza!

 

 

Esta foto también es en Medellín, pero ilustra la teoría de la influencia cortazariana en la arquitectura sustentable colombiana -ejem. No confundir parque con parque.

También en Medellín, pero da igual, porque hay Crepes & Waffles por todo el país. Una vez más, algún heroicillo nacional se está revolcando en su tumba.

 

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El punto es: después de perseguir una playa desde mis aciagos y ventosos días en el Ecuador, y mis consecuentes pasos por ciudades calurosas con todo el ánimo costero pero sin playa, ansiaba llegar a la arena, tumbarme frente al mar y beberme una cerveza Águila sin pensar en el mañana. Desde que tenía 16 años, me vestía toda de negro y escuchaba banditas goth para mariquitas, ir a la playa me parecía un placer mundano: odiaba llenarme de arena, sentirme pegajosa, que las olas me revolcaran y tragarme agua de mar sin querer.

Después de años de no ir, por gusto, fue lo primero que quise hacer en Colombia. Más de dos semanas viajando, apretada y cocida a fuego lento dentro de busetas diminutas, hospedada en hoteluchos menos dos estrellas, o en casas de personas excelentes, comiendo delicias gastronómicas y anticipando el placer. No pude ir el primer día en Barranquilla, ni el segundo, pero hoy, después de media hora de camino y un retén… por fin lo vi.

El imponente mar.

 

 

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