Domingo en soledad

Dicen, leí, que soñar demasiado es signo de estar necesitado de sueño. Que estás durmiendo poco. También dormirse rápido, en menos de cinco minutos. Y soñar en pequeñas siestas. Todo me sucede. Pero es peor, porque ahora no recuerdo mis sueños. El del viernes lo recordé al otro día, pero una imagen o una sensación corta en relación con las horas y horas de material de sueño. El de hoy lo tenía aún mientras iba despertándome, sintiendo ya las sábanas y la cama y el rayo de sol que me caía en la cara, y vi la hora, cerré los ojos y volví a él, como dejarse caer en agua tibia. Después se fue. Era luminoso, color violeta, suave como el peluche. ¿En tierra o en aire? Sé que en un sueño anterior, más profundo, estaba mi papá; leí Don Draper y la activación de relaciones se encendió. Don Draper es tu papá. Don Draper: Jon Hamm, atractivo y encantador. Alarmas, alarmas, recuerdos de otros sueños, el catálogo de la memoria compuesto por igual de recuerdos oníricos y recuerdos reales. Absurdo separarlos, de todos modos. Archivo visual interno. Pero todavía trabajo con mis sueños. Pienso en él el resto del día, al rato aparecerá la clave, el tema o el motivo, y recuperaré sensaciones e imágenes, jamás la historia completa. Los sueños, los sueños, el lugar misterioso.

 

 

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