Más de sueños

Los sueños son irreversibles. Todo lo que ocurre en un sueño, ocurre para siempre. Los dientes se te caen para siempre. La gente te vio sin ropa en la calle para siempre. Las personas que amas se mueren. Y se mueren una y otra vez, de muchas formas. Y cada noche es un nuevo sufrimiento, una nueva manera de recibir estas noticias. Porque, además, los sueños no tienen matices, en ellos no hay sentimientos o impresiones complejos. Todo es definitivo. El dolor es definitivo. Visceral. No hay espacio para ponerse intelectual. Todo es como una cajita en la que sambutes un sentimiento…

 

…y este sentimiento se expande dentro de su contenedor y lo ocupa todo. Los sueños son sentimientos para dummies. Aquí, el dolor. Allá, la calentura. Antes, el miedo. Nunca nada junto, nunca nada en la misma escena, aunque quizás todos aparezcan en la secuencia final (ver). Si se muere tu mamá, sufres. Al despertar, hay un alivio instantáneo. Te descubres en tu cama y la luz entra por la ventana y piensas: fue un sueño. Pero el dolor no se diluye fácil. Te acompaña mientras te estás bañando, mientras te lavas los dientes y te vistes, y meditas durante la rutina en el sueño, pero más en la sensación que dejó el sueño que en el sueño mismo.

Es por esta irreversibilidad. Esto es definitivo. Esto no tiene arreglo. Cuando sueño que, en un arrebato, me corto el pelo cortito, me aterra la imposibilidad de la reparación. Y sin embargo, en el fondo hay una conciencia mínima de que hay una forma de cambiarlo, como no ocurre en la vida diaria. ¿Será nuestra parte primitiva? Cuando eres niño y aún no sabes que la muerte es definitiva, y si tuviste que aprenderlo del modo fácil, con tus mascotas, llegas de la escuela y escarvas en el jardín para encontrar la caja de zapatos donde enterraron a tu canarito muerto y lo descubres cubierto por gusanos. Y así te enteras que eso es irreversible.

En tus sueños volverás a tus temores y los vivirás -qué cosa tan cruel- pero al despertar será como una formateada total. No pasó. En la mañana, J me dijo que soñó que su papá tenía demencia senil y que sufrió mucho. Fue esta cosa la que causó el sufrimiento. Demencia senil > nunca volverá a estar lúcido > irreversible. Yo también tuve pesadillas (debe ser el edredón) y he aprendido a tener la conciencia mínima en alerta, y en medio del sufrimiento, guardar la esperanza de que despertarás y la realidad se rebobinará sola.

 

 

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