1984 vs 2012

1984

En 1984 no pasó nada.

Nada como lo imaginaba George Orwell: no hubo Oceanía, no hubo Ministerio de la Verdad (encargado de un proceso de revisionismo histórico que iba y regresaba a la misma idea), no hubo una reducción sistemática del idioma y el miedo continuo a pensar, hablar, disentir. Eso no sucedió.

En cambio, pasaron algunas cosas: Apple puso a la venta la primera computadora personal.

En un comercial dirigido por Ridley Scott, Apple aprovechó el momento: en un espacio oscuro, industrial, parecido a una prisión, hombres de rostros sin expresión marchan para escuchar el discurso de un hombre (¿Big Brother?) cuyo rostro se proyecta desde una pantalla. En medio, una corredora (que en YouTube confunden por mesera de Hooter’s) lanza un martillo a la cara del Big Brother, ganando un triunfo (¿a qué? ¿De qué? ¿Cómo sabemos que luego de la pequeña insurrección, los uniformados que la perseguían no la llevaron a la Habitación 101?). Luego, el mensaje: “El 24 de enero, Apple Computer presentará Macintosh. Y verás por qué 1984 no será como 1984”.

El costo de esta computadora personal era de 2 mil 495 dólares (que hoy representarían unos 5 mil 400 dólares). Tenía un procesador Motorola 68000, unidad de floppy disk (la primera en tenerlo) y una pantalla en blanco y negro.

El estatus actual en los registros de Apple: obsoleta.

 

2012

El 18 de enero de 2012, Wikipedia cerró durante 24 horas en protesta por la ley SOPA (Stop Online Piracy Act). La ley, ya comentada hasta la saciedad, fue diseñada para proteger los derechos de autor de la industria del entretenimiento. Su objetivo esencial es actuar en contra de la piratería que te permite bajar ilegalmente una copia de la película aún no estrenada, el disco aún no lanzado oficialmente, la serie que, de otra manera, no podrías ver en tu país. Pero además, una ley que en su infinita ignorancia equipara a las personas con direcciones IP y que le da el poder discrecional a una compañía de denunciar a una página (que puede ser tu página, tu blog, tu perfil de Facebook) con un solo link a un sitio que contenga contenido protegido por derechos de autor.

Los activistas de internet se unieron a la protesta: porque internet, y no la industria del entretenimiento, es el futuro. Y después de todo, la última se alimenta del primero. El libre flujo de información se alteraría y los sitios que para muchos son sinónimo de internet, como Facebook, Twitter y Google, podrían cerrar definitivamente.

El 1984 de Orwell parece más cercano ahora, en 2012.

 

1984

Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, nació en 1984. En 1984 no había internet. No como lo conocemos ahora. El legislador republicano Lamar S. Smith, principal impulsor de SOPA, tenía 37 años. Películas más taquilleras en 1984: Footloose, Karate Kid, Gremlins. Programas de televisión más populares: Dallas, Dynasty, The Cosby Show. Los músicos más escuchados: Cyndi Lauper, Culture Club, Frankie goes to Hollywood, Michael Jackson, Boy George.

Todo tenía un costo. En 1984, si eras joven y tenías alma de nerd, había que esforzarse. Tener papás que patrocinaran tu consumo de cultura pop. Ahorrar mucho, por días. Tolerar humillaciones y pastorear préstamos. Había que ser un detective. Contar con proveedores. Informarte con fuentes autorizadas. Recorrer archivos. Ser paciente.

Esperar, como todos los mortales, a que un disco en particular llegara a la tienda, una película se estrenara en el cine por fin, un canal de televisión decidiera transmitir cierto capítulo, un libro se vendiera en una librería cercana a tu casa. Y hacerlo todo por convicción, abnegadamente, por amor al arte.

Hoy, sólo se necesita una conexión a internet.

 

2012

Mark Zuckerberg está en la posición número 212 de los hombres más ricos del mundo, según Forbes. Tiene 4 billones de dólares. Las estadísticas de Facebook afirman que hay más de 800 millones de usuarios activos.

En 2012, la computadora portátil más barata de Apple cuesta 18 mil pesos. La computadora Apple con más capacidad es la última versión de la Mac Pro Servidor, de 2010, que tiene capacidad de hasta dos terabytes. Su costo en México: 48 mil pesos.

Los anuncios de Apple ya no tienen una veta revolucionaria: no es 1984 y Big Brother nunca llegó. Su publicidad se centra en representar dos tipos: lo que quieres ser y lo que no quieres ser. ¿Quieres ser relajado y cool? Apple. ¿Quieres pertenecer? Facebook.

Es común pensar que todos estamos en la red. The grid, como se visualizaba en Tron (qué fácil es ser un nerd en 2012). Las abuelas tienen cuentas en Facebook, los papás escriben correos y hoy más que hace cinco años, cualquier sujeto sabe bajar un torrent.

Y eso es lo que defendemos. Y ante eso nos levantamos y protestamos en legado: la red Anonymous hackeó el sitio del Departamento de Justicia de Estados Unidos y el de la disquera Universal el 19 de enero, cuando el FBI fue tras el sitio Megaupload (ese sí, proveedor de contenido protegido por copyright). La persona del año en 2011, para Time, fue “el protestante”. El anónimo. El que se levanta en armas contra el régimen opresor.

Anonymous viene de un sitio llamado 4chan, que a lo largo de los años se ha ganado el epíteto de hoyo negro del internet. Un foro de discusión relativamente anónimo que ha generado grupos con ánimos de fastidiar evolucionados en grupos activistas. En 4chan ha sucedido todo: suicidios anunciados, pornografía infantil, hackeos masivos, escándalos políticos.

Sin embargo, es conocido. Ahora mismo cualquiera podría navegarlo en 4chan.org o por medio de una búsqueda en Google, pues es un sitio indexado.

Por tanto, creer que participar en 4chan es formar parte de un grupo de protesta, de una rebelión gestada en lo profundo de internet, sería ingenuo.

Ese internet que todos conocemos y defendemos no es ni siquiera la mitad del verdadero internet.

La deep web es representada como el fondo de un iceberg: la punta es lo que vemos, esos sitios en los que navegamos y a los que accedemos con búsquedas simples en Google o por medio de links en otras páginas. Pero lo que está abajo, lo profundo e inaccesible, es más grande que todas las fotografías alojadas en Facebook y todos los caracteres escritos en Twitter desde su creación. No todo es secreto por su contenido, también están todas las páginas que por su naturaleza no están abiertas para todo el público: banca en línea, escuelas, bases de datos, empresas.

Pero también, en ese 80% oculto debajo del agua, está un internet que no conocemos. Tal como las mafias que se mueven en los barrios bajos de las ciudades, estableciendo rutas en los abismos, la deep web es el alojamiento de todo lo que rezuma ilegalidad.

Pornografía infantil, desde luego. Asesinos a sueldo. Un sitio llamado Silk Road (que evoca, claro, la famosa ruta de la seda) en el que los usuarios compran y venden drogas ilegales protegidos por programas de encriptación de datos. En este Amazon oscuro, la moneda se llama bitcoin y es imposible de rastrear. Puedes comprar pastillas LSD o gramos de marihuana que llegarán por correo certificado a la puerta de tu casa.

¿Eres parte de la rebelión? Si sabes cómo navegar eliminando todas las pistas a medida que avanzas, ninguna ley podrá hacerte daño. Aunque seas un pirata. O un asesino a sueldo. O un pornógrafo pederasta.

 

2012 bis

Hay dos caminos: creer que 1984 está aquí, ahora, en 2012. Accedemos a la red por voluntad propia y, una vez ahí, entregamos nuestra intimidad. Los datos de nuestras tarjetas de crédito están alojados en los servidores de Amazon y de aerolíneas, en las bases de datos en línea de nuestro banco, en sitios pornográficos. Imágenes que antes pertenecían a los álbumes familiares aparecen ahora con una búsqueda simple, perpetuamente sometidas al escudriño ajeno. Los textos que antes estarían reservados para un diario se encuentran alojados en un blog, sepultados entre bloques de letras y anuncios. Foursquare informa dónde estamos ahora mismo. Twitter es una minuta detallada de nuestro día a día. Estamos desnudos, expuestos. La intimidad es sólo un concepto.

Pero hay otro camino. La disidencia. La protección. La discreción absoluta. Ángel Buendía, consultor en medios sociales, conductor de radio y experto en redes y tecnología, dice: “Facebook es tan invasiva, pública, personal, banal, segura o funcional como cada usuario quiera. El mayor problema de Facebook, Twitter y cualquier red social es la ignorancia de sus usuarios. ¿No quieres que la gente sepa lo que haces y en dónde estás? No lo escribas”.

Tal vez, ese Big Brother que imaginamos tanto no proviene de leyes cada vez menos permisivas, ni de una compañía que fabrica tecnología. Tal vez, ese Big Brother tan temido habita –siempre lo ha hecho– dentro de nosotros.

 

 

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