Falsa Boda, falsa experiencia

“Me enteré por Facebook, una amiga me invitó. Me interesó, me pareció algo copado, innovador, que estaba bueno. Tengo 24 años, soy del 91. Había ido antes a una boda de verdad, de mi familia. ¿Qué me parece esta fiesta? Hubiese preferido que pusieran la música antes. Soy soltera. No he conocido a nadie interesante todavía. Y no sé si conozca a alguien. Ojalá.”

Habla Karla E., una de las asistentes de Falsa Boda Argentina. Estamos en un salón de Palermo, amplio, con un jardín y un pabellón grande donde han colocado la barra de bebidas y al DJ. Son casi las dos de la mañana y el lugar está a reventar.

Guido G. y Agustina Z., de 1987 y 1991 respectivamente, dicen que se enteraron por unos amigos que trabajan en la página que imprime las entradas. “Quisimos venir porque pensamos que había mucha barra libre. Pero no hay mucha en realidad. Lo más molesto es esto. Vinimos todos con pareja, todos de novios”.

Falsa Boda es un evento multitudinario en el que una pareja de actores finge casarse y celebra con bombo y platillo en un salón de fiestas decorado para la ocasión. Cientos de asistentes pagan una entrada de aproximadamente 40 dólares y con ello tienen acceso a snacks y bebidas de una barra libre. La idea es simple y funciona, tanto que ya se han organizado bodas falsas por toda Argentina e incluso en Rusia, gracias a una amiga de los creadores que, antes de casarse, quiso tener un simulacro de boda. Hasta el momento, dicen, han creado 72 fanpages mundiales, ya que muchos les han copiado la idea, y han atraído la atención de medios como la BBC, Univisión y Telemundo. (Como nota al margen, encuentro en internet la página de The Big Fake wedding, creada en Atlanta, Estados Unidos, en 2008. Se parece mucho a Falsa Boda, aunque su objetivo son parejas a punto de casarse que, durante esta falsa ceremonia, conocen y califican productos para su propia boda, desde servicio de catering hasta diseño de peinados).

Según los fundadores de Falsa Boda Argentina, la idea surgió de un grupo de amigos de La Plata, una ciudad universitaria a unos cuarenta minutos de Buenos Aires. Ellos, que trabajan en una empresa de logística de eventos llamada Trineo Creativo, pensaron que sería interesante organizar una boda a la que todos, que fuera del trabajo no tenían relación con una pareja a punto de casarse, pudieran asistir. Este es el mito de origen de Falsa Boda, que explica su repentino éxito en las prácticas amatorias de los millennials. “Ahora la gente es más liberal y no cree directamente en el casamiento; cada vez hay más divorcios y en nuestra generación el concepto del amor ha ido cambiando. Hay causas económicas, muchos factores externos, que condicionan esta tendencia”, dice Gastón Gennai, miembro fundador.

2.  El año pasado el INEGI publicó estadísticas sobre matrimonios y divorcios en México, que indican, según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid), que en los últimos años ha habido un aumento de la población que vive en unión libre y, por tanto, una disminución de la casada. El segmento de solteros representa el 29% de la población de 15 años en adelante, y, entre los separados, viudos o divorciados, 7.2% son hombres y 16.9%, mujeres.

En Argentina, el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2010 informa que las uniones consensuales han crecido en los últimos veinte años y abarcan el 38.8% de las parejas que conviven. Los matrimonios, en cambio, han disminuido un 21% entre el censo de 1991 y éste. Y otros datos judiciales, recabados por el periódico La Nación, sugieren que en Buenos Aires hay, actualmente, un divorcio por cada dos matrimonios.

Al menos estadísticamente, es un hecho que las personas no se casan tan frecuentemente como antes. ¿Cuál es el allure, entonces, de un evento como Falsa Boda? Para Gennai, vestirse de gala obligatoria y levantar un ligue posible es fundamental (sin la mediación de un instrumento digital como Tinder). La posibilidad de asistir con un grupo de amigos a un evento al que en otras circunstancias no asistirían juntos. El sentirse parte de un proceso que surge en redes sociales, y que sigue de cerca la historia falsa de la pareja a casarse. Y la barra libre, que en mi experiencia me consiguió, con muchas dificultades, un trago cada cuarenta minutos.

3. Se ha repetido que los hábitos financieros de los millennials se han transformado radicalmente respecto de los de la generación anterior. En lugar de automóviles o créditos hipotecarios, los nacidos entre 1980 y 2000 desembolsan en experiencias. En este sentido, Falsa Boda es una fiesta que promete un excedente de sentido, una experiencia que emula otra y que es, por sí sola, una experiencia distinta. “La gente está podrida de ir a los boliches, chocarse con la gente; acá hay la oportunidad de que hay helados, malabaristas, un show de improvisación, música, se complementa todo y eso nos ayuda a nosotros, Trineo Creativo, a crear más cosas cada día”, opina Gastón.

4. Tras media hora de fila, entramos al salón de fiestas. Hay charolas de sushi en algunas mesas, y en la barra unos diez bartenders preparan de cinco o seis opciones de coctel: con flores y esencias, mint juleps y Manhattans, bebidas elegantes en lugar de las margaritas y piñas coladas que una esperaría encontrar. Las manos se multiplican, la espera se alarga. En el patio, los novios –que esta vez son artistas circenses– se sacan fotos y luego se dispersan. Una amiga y yo nos sentamos en un sillón a conversar mientras dos tipos nos miran, indecisos de sacarnos plática o no. A cierta hora de la noche, sin ánimos de bailar, tomamos un taxi y nos vamos de la fiesta.

5. Otra de las razones a la que los chicos de Trineo Creativo atribuyen su éxito es que el millennial promedio difícilmente ha asistido a una boda de verdad. O ha ido a muy pocas. Mi edad se sitúa en el segmento generacional aludido. He asistido a cuatro bodas de amigos cercanos. Una de ellas fue una ceremonia sui generis en la que los novios leyeron sus votos y varios amigos leímos fragmentos literarios en lugar de litúrgicos. Las lágrimas, con su primer beso de casados, fueron inevitables en algunos casos. ¿Será que una boda es emocionante por la alegría que produce una decisión ajena? Hay personas que difícilmente se juntarían para asistir a una, pero siempre hay una razón de carácter sentimental para que se convoquen unos y no otros. Vestirse de gala, conocer gente, comer y beber gratis son ventajas menores frente a sentimientos que no logran pasar de moda, como la emoción y la ternura. Y sin pagar boleto de entrada

 

Publicado originalmente en Letras Libres