Nos queremos vivas

(nota en Polifonía de Letras Libres)

1.

“Ni una mujer menos, ni una muerta más” es un verso atribuido a Susana Chávez, poeta mexicana y activista contra los feminicidios, asesinada en Ciudad Juárez en enero de 2011.

Cuatro años después de su asesinato, ni una menos devino consigna y, en Argentina, se convirtió en el centro de un movimiento inesperado. El colectivo #NiUnaMenos, integrado por periodistas, escritoras, intelectuales, artistas y activistas por los derechos de las mujeres, se formó en marzo de este año para convocar, desde redes sociales, actos en repudio del feminicidio. Uno de los primeros, ese mes, consistió en una maratón de lectura, danza y performance en una pequeña plaza del barrio de Recoleta, Buenos Aires. Pero el 12 de mayo, tras darse a conocer el asesinato de Chiara Páez, una adolescente de 14 años matada a golpes por su novio de 16, en la provincia de Santa Fe, #NiUnaMenos convocó a una manifestación masiva para el 3 de junio.

A lo largo de mayo –mes en que, según un artículo de Constanza Tabbush en Latin American Bureau, los feminicidios fueron tema principal de talk shows, radio, redes sociales y conversaciones privadas– la invitación circuló por internet, prensa y televisión argentina. Cada día, en sus cuentas de Twitter y Facebook, #NiUnaMenos publicaba imágenes de quienes hacían suya la consigna: escuelas, oficinas, grupos scout de provincia; académicas, políticos, actores y conductores de televisión; las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Lionel Messi y, desde su cuenta de Twitter, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La tarde del 3 de junio, más de doscientas mil personas acudieron a la Plaza del Congreso de Buenos Aires. La manifestación tuvo réplicas en 110 ciudades de Argentina y, con menor concurrencia, enUruguay, Chile y México.

Una marcha de muchas caras, que atrajo a colectivos de diversos feminismos (algunos, por ejemplo, aprovecharon para exigir, nuevamente, la despenalización del aborto), a personas de distinto signo político, a madres y familiares de mujeres asesinadas, a familias, niñas y jóvenes, que se manifestaron con objetos, con el cuerpo y con palabras.

¿Por qué la marcha #NiUnaMenos tuvo tanto éxito en Argentina?¿Qué galvanizó a la sociedad para unirse, de manera masiva, a una manifestación contra la violencia de género? Una tercera pregunta, más incómoda: ¿Por qué en México no ha sucedido algo similar?

2.

Florencia Minici, editora de la revista Mancilla y una de las integrantes del colectivo #NiUnaMenos, cree que el poder de convocatoria de la marcha se debió, en parte, a que “existía ya un clima, una serie de condiciones que la convocatoria interpretó y por eso se hizo realmente masiva. El que aproximadamente cada 30 horas ocurra un feminicidio, los problemas que las mujeres enfrentan a la hora de ser amparadas por el poder judicial: son hechos indudables de una situación dramática que busca revertirse”.

Para comprender ese clima al que se refiere Minici, Cecilia Palmeiro, académica y experta en teoría queer y su vinculación con lo político, me sugiere mirar hacia los medios, los que usualmente ponen untema en el radar colectivo.

Cada día, al intentar avanzar sobre este texto, la presencia mediática de los feminicidios se impone.

“Una mujer con miedo – su ex pareja la golpeó y quiso prenderla fuego, en La Pampa”.

“Lo acusan de abusar y matar a una nena de dos años en Derqui, Pilar – El padrastro, detenido, fue encontrado mientras intentaba fugarse con un bolso.”

En los canales de televisión pública se habla de violencia de género y de feminicidios. En paneles de expertos y en largas notas, con reporteros en el “lugar del crimen”, se exhiben fotos de la vida cotidiana de las víctimas (casi todas salidas de sus redes sociales) y se editorializa, implícitamente, sobre su propia culpa: “una fanática de los boliches, que abandonó la secundaria”. Quizá, aunque con propósitos distintos, los medios han hecho visible el problema.

3.

El feminicidio se considera crimen de odio porque se dirige a una categoría (mujeres) y no a un sujeto específico, aunque,según Rita Laura Segato, el odio o el machismo –este último sin duda presente en el contexto– no son factores que lo expliquen por completo: se trata de un proceso en que la víctima es, más bien, desecho, pieza descartable. Gabriela Cabezón Cámara, integrante del colectivo #NiUnaMenos, lo ha resumido así:

Tiradas a la basura en la bolsa de consorcio: igual que se tira un forro, la cáscara del zapallo, los papeles que no sirven y los huesos del asado entre tantas otras cosas. Tiradas como si nada, como objetos de consumo que ya fueron consumidos. Agarrarlas, asustarlas, verlas rogar, desnudarlas, humillarlas, violarlas, después matarlas, meterlas en una bolsa, tirarlas a la montaña de restos de la ciudad. Ya terminó el predador. Seguirán la policía, los abogados, los jueces y las cámaras de TV: sigue la carnicería en una especie de show que explica los femicidios.

A falta de un registro oficial*, la marcha del 3 de junio se apoyó en las cifras de la organización civil La Casa del Encuentro, que contabilizó 1.808 feminicidios desde 2008. Solo durante 2014 fueron asesinadas 277 mujeres.

En México, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, en su último estudio sobre la implementación del delito de feminicidio en México, contabilizó 3892 asesinatos de mujeres entre 2012 y 2013. El grupo Pan y Rosas, vertiente mexicana de Ni Una Menos, maneja la cifra de la ONU Mujeres: 6.4 feminicidios cada 24 horas. Casi siete veces más que en Argentina.

Lucía Melgar, académica y crítica cultural, elabora una instantánea del panorama mexicano en un reporte para Nexos, que revela el aumento de la tolerancia social al feminicidio y niega la percepción común de que se encuentra focalizado: no ocurre solamente en Ciudad Juárez y Estado de México; sucede en Tlaxcala, Guerrero, Guanajuato, Morelos, Chiapas, Oaxaca, Veracruz. No es una cuestión del ámbito doméstico: la barbarie de los cuerpos abandonados en la vía pública, la persistencia de los asesinatos perpetrados por desconocidos, implica al Estado y lo liga a la definición misma de feminicidio.

La discusión de las marchas pasa por sus “logros institucionales” y, plantea Melgar, por su desgaste como medio de protesta. “¿Qué hace falta no solo para visibilizar la violencia del feminicidio sino para indignar?”. “Si las mujeres asesinadas y tiradas en calles o baldíos fueran de clase media, ¿la indiferencia de las clases medias, las que en la ciudad de México se movilizarían más fácilmente, sería la misma?

4.

¿Por qué unas víctimas cimbran y otras permanecen invisibles? ¿Qué detona las grandes movilizaciones políticas? Josefina Ludmer, en Aquí América Latina, dice que, en nuestra región, “la memoria es siempre política, un grito de justicia”. Cada país tiene una tragedia que graba su impronta en la memoria histórica. En México: los 43 estudiantes asesinados. En Argentina: la lucha de las madres y abuelas de los desaparecidos.

5.

Elisa Godínez, antropóloga e investigadora mexicana, me dice: “En Argentina las madres y abuelas de la Plaza de Mayo son íconos. Aquí la lucha de las mujeres no se ve: no es que no exista, es que no se le percibe. Hay que analizar por qué el sistema y el discurso las invisibiliza e ignora, a ellas y al feminicidio, y por qué las principales demandas sí son utilizadas políticamente, pero como logros progre, de los hombres: Ebrard y la despenalización del aborto, por ejemplo. Las mujeres, en México, están fracturadas y aisladas en lo político”.

 

 


*Uno de los puntos de su pliego petitorio (que exigía al Estado garantías jurídicas, subsidios y capacitaciones en dependencias oficiales con perspectiva de género) solicitaba, precisamente, la recopilación de estadísticas oficiales. Dos días después de la marcha, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación respondió con el anuncio de la creación de una unidad de registro, sistematización de feminicidios y homicidios agravados por el género.

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