La otra isla

El mediodía acabó

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Tag Archives: Música

Each night I bury my love around you

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A veces siento que la reedición del Turn on the bright lights es el signo más claro de la decadencia de Interpol: ha llegado el momento, demasiado apresuradamente, de celebrar lo mejor que han hecho. Diez años después: no quince o veinte; así, muy pronto, con otros tres discos que luego no se pueden discernir uno del otro. Ese disco salió en 2002, yo tenía dieciséis años. La primera vez que fumé marihuana me acosté en un sillón y lo escuché, esperando un efecto impreciso. Sin querer, dejé el estéreo en repeat (todavía usábamos los estéreos y los discos), y desperté al otro día sobre el sillón, y había otras personas en mi casa que aún no despertaban, y el Turn on the bright lights se quedó como implantado en mi mente. Es un disco hermoso. Lleno de misterio, de una inspiración que ya nunca tuvieron de nuevo. Es lugar común desdeñar a Interpol, pero tuvieron ese disco, que fue importante. Leía una reseña: one of the most strikingly passionate records I’ve heard this year, escribía y, más adelante, and although it’s no Closer or OK Computer, it’s not unthinkable that this band might aspire to such heights.

No lo lograron, por supuesto. Ahora sólo queda revivir glorias pasadas. Celebrar esa inspiración y esas atmósferas, perdidas después. Qué terrible y qué triste reconocer en uno mismo un genio perdido. Admirar tu ópera prima como si fuera algo ajeno, rebosante de un talento que ahora no existe, o que se perdió.

 

 

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nov 16, 2012

Corona Capital

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(me siento en la obligación de aclarar que todo salió bien con el asunto anterior)

Tenía bastantes puntos que quería escribir sobre el Corona Capital, pero una semana después no me parecen tan importantes y, además, ya están desfasados. Creo que en general fue un buen festival. Sólo he ido a dos festivales internacionales antes (Lollapalooza 2010 y el Rock en Seine de este año), así que ponerse a comparar es mamón. Aunque igual lo haces. Y tal vez por eso creo que el Corona estuvo muy a la altura. Además del cartel que, ya todos lo apuntaron, fue excelso (aunque se equivocó, o dejó que la gente se equivocara, en el acto estelar, que era New Order y no The Black Keys). Segundo, las comodidades. Mi experiencia en los Sani-Rents fue saludable, y eso que usualmente tengo una relación neurótica con las idas al baño en espacios exteriores. Muchas veces entré a algunos que estaban recién limpiados y que hasta olían a Pinol (aunque nunca mirara, porque nunca miro, porque me protejo de ese modo; J dice que tiene que mirar -es una persona normal- en caso de que haya algo, ¿pero qué puede haber además de lo que ya suponemos? Y aunque hubiera un animal, a menos que ese animal fuera una innombrable, cosa que considero improbable aunque posible, no es grave si de todos modos entras, haces lo tuyo y te largas lo más rápido posible).

Tercero, la carpa de comida en el área del Bizco Club era un lugar desolado, como apartado del mundo, en el que podías sentarte a comer sin que el ruido, o el calor, o las aglomeraciones de afuera te interrumpieran. Por último, pero esto ya no es responsabilidad del Corona, hubo un clima excelente con el que podías sentarte en el pasto, recargarte en tu chamarra enrollada y escuchar M. Ward bajo el sol vespertino.

El primer día hicimos estos movimientos:

1. The Walkmen. Llegamos a las cinco de la tarde, apenas iban empezando. Hubo problemas con el ingeniero de sonido y  Hamilton Leithauser se molestó y cantó enfurruñado y creo que fue un error cantar The Rat tan pronto. Pero los disfruté muchísimo y fueron una deuda pagada, pues tenía el plan de verlos en el Lollapalooza y no lo hice.

2. Sí queríamos ir a Death in Vegas, pero nos movimos unos pasos para escuchar a The Wallflowers. Otro momento para sentarse en el pasto y escuchar. (este año vi a Bob Dylan y también a su hijo, Jakob, así que puede clasificarse como un buen año.) Sin embargo, acá pasó algo injusto. Cuando empezaron a tocar One Headlight, las hordas se dejaron venir. Y ese fenómeno de la canción conocida, del (oh, ignorancia) one hit wonder se esfumó cuando la canción se acabó, y todo mundo empezó a irse. Eso es tan frío. Irse dándole la espalda a una banda que todavía está tocando, ¿nadie imagina lo que deben sentir los músicos ahí arriba? Tener que tragar, una y otra vez, esta injusta píldora de que la gente te conoce sólo por una canción, aunque no sea la mejor, aunque tengas una trayectoria, todo esto nos partió el corazón. Sobre todo cuando Jakob dijo algo como “This is even better” (o: estamos los que importamos).

3. Cat Power. Me gustó muchísimo, me mantuvo atraída a su actuación todo el tiempo, aunque la verdad nunca he sido su fan.

4. The Kills. Uf. El año pasado los vimos en el Salón 21 y esa vez fue importante por muchas razones. Alison Mosshart es una sex goddess. Me encanta la mezcla de su música más o menos punk, de mucha energía en el escenario, con la elegancia de ambos, y que estén tan relacionados con la moda (con el mejor aspecto de ella).

5. Suede. La elección era obvia y sin embargo muchos prefirieron ir a Franz Ferdinand. Aquí es cuando puedo decir que el cartel fue escogido y acomodado con mucha inteligencia. Harás a la gente elegir entre lo tradicional y lo novedoso, entre lo ‘clásico’, si quieres, y lo ‘de moda’, si quieres. Entre las bandas con algún éxito Mtv, que atraerán a gente, y las bandas con trayectoria, que atraerán a gente. En Bizco Club estaban Sleigh Bells. También puedes tomar esa decisión. Todo dependía de tu ánimo y de tu nivel de enfiestamiento.

8. The Hives. Nunca los había visto, me gusta y escucho de repente sólo un disco, y fueron divertidos la mitad que los vimos. Pero cambiarnos a Miike Snow fue la mejor decisión de la noche, y lo que dejó la entrada ideal para Basement Jaxx, que aunque se retrasó media hora, y media hora es importante en un festival, fue un cierre espectacular. Ahí fue cuando dije: oye, esta carpa es muy divertida y uno debe procurar no alejarse mucho de ella.

Al otro día:

1. Alabama Shakes. Llegamos rayando porque J moría por verlos. Otro gran inicio, el atardecer, la música (tenía ganas de ver a The Big Pink, que también vi sin ver en el Lola, pero ya será ‘en otra ocasión’).

2. Moría por ver AraabMuzik. Algo raro. ‘Los’ conocí este año (creí que era una banda). Bajé su último disco y lo escuchaba todo el tiempo, sorprendida, sin saber realmente qué genero era además de electrónica impresionante. También sucede (a lo mejor esto sonará tan mamón como alguien que en una carne asada dice que es vegano o que presume de una ignorancia pretenciosa) que casi nunca sé cómo son los miembros de las bandas que me gustan. Cuando salieron dije “Órale, no sabían que eran negros”. J dijo: That’s racist! Ese comentario surgió inocentemente pero me hizo reflexionar y, queriendo defender mi honor, dije que era menos racista porque significa que escucho lo que me gusta sin que sea políticamente correcto.

Pero a lo mejor sí fue racista.

Uf, qué momentos; una de mis presentaciones favoritas en todo el festival y cuando más me convencí de que Bizco Club era the place to be.

3. Un poco de The Raveonettes (que vi poquito alguna vez que le abrieron a Depeche Mode hace como tres años).

4. M. Ward. El pasto, el sol, el descanso, la felicidad.

5. Tegan and Sara. Por supuesto. Encantadoras.

6. James Murphy por añadidura.

7. La segunda mitad de My Morning Jacket.

8. New Order, mi momento estelar.

Nos fuimos. En ocasiones distintas ya habíamos visto a The Black Keys, y  ya no me emocionan casi nada; para entonces el grupo se había separado y reencontrado de múltiples formas, y la verdad no creímos tener energía para llegar hasta Dj Shadow, lo cual fue una lástima.

Un último comentario: muchos gringos que seguramente vinieron exclusivamente al festival, y no sólo porque se les cruzara. Eso es bueno. Habla de que el cartel resultó tan vistoso que atrajo a gringos, para quienes debió ser una gran experiencia venir a México (y de paso viajar), ver bandas grandiosas y pagar muy poco por todo. Además, venir al DF. ¡Al De-efey! Tantas cosas por hacer acá. Seguro muchos gringos (más conjeturas) nunca se sintieron atraídos por viajar a la Ciudad de México y al llegar encontraron una ciudad interesantísima, llena de sitios turísticos y con una gran vibra. Por tanto: incentiva el turismo. Pienso en negocios: constituir el Corona como un festival internacional a la altura del Coachella, del Lolapallooza, del Glastonbury, del Bonnaroo, etc., y que eso debe ser bueno para el DF, ¿no?

Por otro lado, el Corona levantó suspicacias porque Ocesa lo organizó y OCESA ES EL DIABLO y si le das tu dinero has traicionado la causa revolucionaria. He apoyado el #YoSoy132 en lo general, pero… (puntos suspensivos autoexplicativos). Además, me parece más crimen dejar de disfrutar de la música, de la experiencia tan autocontenida que es un concierto, de ese momento de catarsis que da escuchar una canción favorita en vivo, escuchada en la intimidad muchas otras veces. Eso creo y tal vez por eso tampoco siento tanta culpa de ir al Starbucks por el café del día.

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oct 21, 2012

París

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El problema con las grandes ciudades es que no puedes domesticarlas. Han sido domesticadas por otros, antes de ti. Las entendieron mejor. ¿Hay algo de París que pueda decir además de lo que dijeron Hemingway o Cortázar o Henry Miller, los otros extranjeros que estuvieron aquí y la descubrieron de modo distinto? Poco. Además, ya no tengo dieciséis años. Ya no es un viaje de mochileo como el primero que hice. Hay algo muy burgués en todo. Eres un turista. Y como turista, si quieres un poco humillado, caminas por lugares caminados muchas veces antes. Y nada que veas no ha sido visto antes, y visto mejor. Y lo que digas, por más sincero, por más íntimo, no será otra cosa que un lugar común. Entonces, te rindes. La ciudad gana. Su metro gana. Su río gana. Su torrente de gente en las avenidas gana, sus francesitos con alto sentido de la moda sentados en las cafés mientras fuman, ellos ganan.

Todos estos lugares nuevos me intimidan. Me intimida aquello de lo que se ha escrito demasiado, lo que ha sido evocado por otros con más talento y más sensibilidad. No le agregarás nada a ese paseo por el Sena ni a la primera vez que viste la torre Eiffel, ese portento de la ingeniería. Puedes pensar en personas, puedes estar con personas, y nada será original.

Y ya son días y sigo sin sentir que he comprendido un poco. Además de que, en realidad, entiendo poco. Y soy la turista con cara de idiota que con trabajos puede pedir un agua embotellada, cosa que es nueva para mí, porque tengo poco mundo tal vez, o porque viajé a otros lugares en los que era fácil comunicarme. Me aplasta. Un poco.

El viernes fuimos al festival Rock en Seine. El único día que llovió. Fue en este parque inmenso con fuentes y esculturas decimonónicas en medio de stands de Coca-Cola y chilli con carne, y era maravilloso y triste a la vez pensar que en otros días podrías haberte echado y beber con el sol en la cara. Pero igual bebimos -vino, un stand con todo tipo de vinos- y mientras veíamos a The Shins, y no pudo ser más adecuado, salió el sol. Luego escuchamos un poco de Bloc Party (que ya había visto alguna vez) y Sigur Rós, y después de ellos estuvo Placebo.

Es sabido que Placebo es mi banda favorita. Aquí y aquí y aquí se demuestra. Y lo he dicho: no es la banda más elegante del mundo ni es la clase de banda que te hace levantar tu camisa con los puños crispados y decir “los amo” y que la gente piense que estás bien, pero yo lo hago y con intensidad. El por qué lo he narrado muchas veces, aunque sin detalles. Todo sigue ahí. Brian Molko y sus letras. En París, uno de sus sitios predilectos. Con alguien (la Defe) que los ama con la misma intensidad, y por lo tanto no me siento sola en mi pasión. Y están los pasillos de la preparatoria sur y el primer discman que tuve, y el dolor y la juventud.

Tenía muchas cosas en mi mente en el trayecto de regreso del festival. Cosas clavadas. Las canciones que faltaron (Without you I’m nothing) y las que fueron una sorpresa gratísima (el cover de Kate Bush, Running up that hill). El descubrimiento de la sexualidad. Y París. Ese momento en que se dejó conquistar, un poco. La mujer hermosa en la otra mesa que, por un momento, te devuelve la mirada. Placebo hizo que París fuera mío, un instante.

 

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ago 26, 2012

Pulp, el lunes

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Como los demás, siento la imperiosa necesidad de escribir lo que de otro modo se me olvidaría (fijamos las cosas para no olvidarlas, transformándolas en el proceso; entonces ya son otras, no lo que fueron).

Jarvis me impresiona porque es un narrador. Suelo comparar todo con Carver, pero es que las canciones de Jarvis sí son como cuentitos de Carver: retratan la clase media inglesa con mucha gracia y ligereza, pero también de un modo triste. Dicen cosas horribles (You started getting fatter three weeks after I left you); son meta (You’re gonna like it, but not a lot. And the chorus goes like this: y luego va el coro); tienen al mismo Jarvis como héroe y narrador (Yeah, it’s just like in the old days. I used to compose my own critical notices in my head: “The crowd gasp at Cocker’s masterful control of the bicycle, skilfully avoiding the dog turd next to the corner shop” Imagining a blue plaque above the place I first ever touched a girl’s chest, but hold on: you’ve got to wait for the best). Esa imagen del niño esperando que la concurrencia quede sin aliento ante su habilidad para sortear la caca de perro con su bici, ¿no podría estar en cualquier cuento de Carver?

Me dieron tanta curiosidad sus letras que hace poco bajé para Kindle su colección de letras, Mother, Brother, Lover (el título alude a sus primeros intentos, de rimas fáciles: él mismo lo proclama). El prólogo inicia:

I never intended to be a lyricist. I had wanted to be a pop star from the age of eight (that’s probably when I first saw the Beatles’ film Help!)

(la escena me recuerda una escena de The Velvet Goldmine: el niño Oscar Wilde, en una clase, declara que de grande quiere ser un pop idol)

(nota al pie: en la siguiente escena aparece Jack Fairy, drag queen, personaje que Todd Haynes quería para Jarvis).

Todo el prólogo es deliciosamente gracioso y elocuente a la manera inglesa. En Amazon se puede leer un fragmento. Hay partes hermosas:

It wasn’t until I moved away from Sheffield in 1988 that I began to write explicitly about the place – I couldn’t really see it clearly until then. Then I wrote about it in a frantic attempt to stop it fading from my memory.

En las notas explica detalles de las canciones que dan contexto: nunca supo el nombre de la chica de Common people. Deborah existió. Se apellida Farnell y su mamá la dio a luz en la cama contigua a la de la madre de Jarvis. El woodchip es un tapiz barato, explica. La fuente down the road era The Goodwin fountain, donde todos quedaban de verse en Sheffield (fue demolida en 1998). Etcétera.

Cuando, antes de Little girl (with blue eyes), dijo que la siguiente canción era sobre su madre, en Mother, Brother, Lover anota:

I came across a picture of my mother on her wedding day in which she looked very young and apprehensive. My mother’s eyes are actually hazel.

Cuando menciona a un bad comedian en Razzmatazz, explica sucinto: Rowan Atkinson.

***

El concierto del lunes fue uno de los mejores de mi vida. Además, me emocionó la reacción generalizada de éxtasis post-concierto. Como un showman labrado en su oficio, Jarvis conmovió, hizo reír (porque él es un good comedian), brincó, gritó, hizo ademán de desnudarse… Fue un entertainer completo, haciendo creer que estaba ahí, porque tal vez estuvo ahí: dos horas y media de concierto, el Different class completo, esa escena chistosa de los músicos juntándose para decidir qué canción tocarían cuando el setlist se había acabado…

Jarvis es una estrella de pop, creció para serlo. Pero antes que eso, es un narrador. Utiliza el sostén para hacer un monólogo e hilarlo con Underwear. Camina como un anciano y hace voces en falsetto. Dice cosas en español y no alcanza a leer, es nervioso y teatral. Es cómico, mucho, pero al siguiente minuto es un misterio otra vez y sientes que no puedes entenderlo, se te escapa.

Está la magistral interpretación de I spy en Jools Holland.

Hay que tener mucha simpatía para conquistar a la gente así, y dominarla. Sus movimientos, sus miradas, su androginia. Como dijo Josué, Jarvis es el rey del homoerotismo. Me encantan sus manerismos afectados, propios de una estrella de pop. Lo imaginas a los ocho años ensayando pasos de baile enfrente del espejo, cultivando esos movimientos dramáticos que ahora son marca registrada.

Hace más o menos dos semanas, los vimos en Jimmy Fallon. Era su primera presentación en tele en 14 años. Llegaron, cantaron y luego se fueron, rápido. Sólo un grupo de adolescentes con kipás se prendieron y un par que, detrás de Jarvis, headbangueaba como Beavis y Butthead. Interpretar frente a una audiencia gélida debe ser como coger por compromiso. No vi al Jarvis desenfrenado del lunes pasado, a pesar de que Jimmy, inmóvil en una esquina, los miraba arrobados.

http://youtu.be/cN_K2NZFN_M

Es gracioso pensar que los gritos agudos al final nos pertenecen.

***

Creo que hay consenso en que el momento más sorprendente de la noche, a la vez que el más erótico, fue This is hardcore. Ahí te das cuenta de que Jarvis es un SEX GOD. Es un rockstar. Aún es hermoso, de un modo distinto: ya no tiene la cara de efebo, ahora es un hombre con canas. Pero sigue siendo igual de atrayente, no sabemos por qué.

Sobre This is hardcore, en Mother, Brother, Lover, explica:

That goes in there: Hardcore porn movies have very strict conventions: all orifices must be seen to be penetrated and the male’s ejaculation must also be visible.

Todo debe ser visible. Todo fue visible. En seis minutos, Jarvis se cogió a un estadio entero.

 

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abr 26, 2012

Radiohead, ayer

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Antes de J no sabía qué era el lighting designing y ahora me parece fascinante. El concierto de ayer fue magnífico. Ya sabía que tocarían predominantemente canciones de los últimos dos discos, lo cual encuentro muy lógico. Vas a un concierto a ver el estado actual de la banda, a atisbar el lugar creativo en el que se encuentran en este momento. El de hace tres años tuvo otra vibra, era la primera vez que venían (de manera oficial, no esa leyendita urbana en el Edomex). Estaba esa emoción. Tocaron sus éxitos. Pero tres años después, es necio aferrarse. Hay que ver dónde están ahora.

Lo que más me impresionó fue el diseño de luz. Desde mi sitio, conjeturaba con la inverosímil posibilidad de que fuera un encargo a algún artista contemporáneo. Pero ahora leo que su lighting designer es el mismo de siempre: Andi Watson. Que es el sexto miembro desde la lighting booth, según este artículo del New York Times.

El momento más emocionante para mí fue Staircase. Encontré entonces la fusión de música y visuales, la recreación de una experiencia. No es sólo una decoración con leds: es arte con luz. J me escribió hace rato:

Una vez entré a un teatro y estaban programando la luz en cada escena, fue hermoso ver eso, no sabes, imagina que tienes un espacio donde hay gente interactuando y tú tienes que dar el tono, las sombras, ya sea amanecer, atardecer, algo abstracto, una imagen en movimiento y todo eso con luz. La luz hace todo. Los lighting designers son artistas que pintan con luz.

Foto de kinesys.co.uk

Foto del sitio foeweel.com

Foto de artblogbybob.blogspot.mx

Foto del sitio de Andi Watson.

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abr 19, 2012

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